El documental recientemente publicado por Melania Trump está obligando a reevaluar las expectativas tradicionalmente rígidas puestas sobre las primeras damas estadounidenses. A diferencia de sus predecesores, Trump no ha aplazado sus actividades financieras hasta después de dejar la Casa Blanca, lo que plantea dudas sobre si es necesario modernizar el papel en sí.
La Anticuada Tradición de la Primera Dama
Históricamente, las Primeras Damas han suspendido en gran medida sus carreras personales y sus proyectos financieros durante las presidencias de sus maridos. Michelle Obama y Hillary Clinton dejaron sus profesiones mientras estuvieron en el cargo, aunque Jill Biden continuó enseñando en colegios comunitarios. Esta expectativa surge de una noción obsoleta de que el deber principal de la Primera Dama es apoyar al Presidente y cumplir con las obligaciones ceremoniales.
Melania Trump: rompiendo el molde
Kate Bennett, autora de Free Melania, sostiene que Trump podría estar remodelando intencionalmente el papel de Primera Dama. Ella busca abiertamente oportunidades de ascenso mientras su marido todavía está en el cargo, desafiando la regla tácita de que tales actividades deben esperar hasta después de la presidencia.
“Estamos viendo a alguien con quizás una de las plataformas globales más grandes del mundo elegir usarla principalmente cuando tiene un esfuerzo promocional”, dijo Bennett a CNN.
La pregunta es si esto es inherentemente problemático. El puesto de Primera Dama no es remunerado y las mujeres a menudo sacrifican sus propias carreras e ingresos por las ambiciones políticas de sus maridos. Los críticos sugieren que en 2024 será hora de reconsiderar si este acuerdo es justo o sostenible.
Bajando expectativas
Kate Andersen Brower, autora de First Women, señaló en agosto de 2023 que Melania Trump “bajó el listón” para los deberes de Primera Dama. Parecía desinteresada en ajustarse a las expectativas tradicionales, y sus acciones señalan un posible cambio en la forma en que los estadounidenses ven esta situación.
¿Un cambio de rumbo?
El documental, y el comportamiento de Trump en general, sugiere que el público podría estar preparado para una Primera Dama que priorice sus propios intereses. El papel a menudo se describe como “extraño y anticuado”, y si permanece sin cambios, se corre el riesgo de alienar a futuros ocupantes potenciales que tal vez no quieran poner sus vidas “en espera” por la carrera política de su marido.
Las acciones de Melania Trump están forzando una conversación necesaria: ¿debería el puesto de Primera Dama evolucionar para adaptarse a las expectativas modernas, o debería seguir siendo un papel en gran medida ceremonial que exige sacrificio personal? La respuesta aún está por verse, pero el debate ya está firmemente en marcha.
